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4 consejos para la vuelta al cole

Foto de Víctor Bautista vía Flickr

Terminan las vacaciones escolares y no es fácil volver a la rutina. De hecho, el síndrome postvacacional no distingue entre adultos y menores.

El síndrome postvacacional puede presentarse de diversas formas. Sus síntomas físicos pueden ser: cansancio generalizado, fatiga, falta de sueño, dolores musculares, falta de apetito o de concentración... También presenta síntomas psíquicos, como: irritabilidad, tristeza, falta de interés o nerviosismo. Wikipedia

En esta entrada se recogen algunas RECOMENDACIONES PEDAGÓGICAS que contribuyen a que la vuelta al cole no sea un proceso traumático. No se trata de consejos exclusivos ni excluyentes, hay muchos más. Sin embargo, los siguientes son los que han reportado mejores resultados (quizá por su sencillez para recordar y aplicar) en mi práctica profesional.

(1) PROGRESIÓN. Empieza una semana antes a implantar los HÁBITOS propios del periodo lectivo: hora de acostarse, de levantarse, de comidas, actividades intelectuales y físicas, etc.

(2) DESPIERTA UNA ILUSIÓN RESPECTO A LA NUEVA ETAPA. "¡Qué ganas tengo de que empiece el colegio para que te aguante el maestro!". Expresiones como esta inciden en la connotación negativa que debemos evitar. Muy al contrario, se trata de destacar los aspectos positivos inherentes al inicio de una nueva etapa (retos apasionantes, mayor libertad, reencuentros...). También ayuda implicar a los niños en la preparación del material; propiciando, en suma, un CONTEXTO ILUSIONANTE.

(3) TRANSMITE CONFIANZA Y APOYO. El nuevo curso puede parecer, a ojos infantiles, un gran "monstruo" imposible de vencer. Por ello, es fundamental alimentar su autoestima demostrando que confiamos en que serán capaces de superar las dificultades que vendrán... ¡Qué sepan que el monstruo no es tan fiero como lo pintan!

(4) ORGANÍZALE ACTIVIDAD FÍSICA. Es, posiblemente, una de las recomendaciones menos comunes; pero practicar actividad física mejorará la relajación, contribuirá a conciliar un sueño reparador y a DESPEJAR LA MENTE de las preocupaciones normales de esta época.

La clave para una buena vuelta al cole es despertar en los niños ilusión y confianza. Más en la entrevista realizada el 28/08/2016 a Enrique Sánchez en La Opinión de Málaga

Vacaciones con hijos

Foto de Kevin Dooley vía Flickr

La semana pasada participé en un tertulia radiofónica: "¿Qué hacemos con los niños/as en vacaciones?". Este post recoge algunas de las ideas pedagógicas que se debatieron y que, quizá, puedan ser de utilidad para muchas familias en este inicio de verano.


Cambiar de actividad

Después de un año de intenso trabajo, el cuerpo nos pide descansar. Basta mirarnos al espejo para comprobarlo: ¡Qué necesarias son las vacaciones! Personalmente, me olvido completamente del trabajo, ¿no es lo que pretendemos todos, desconectar? Sin embargo, en la edad infantil NO debemos hacer esa traslación. Equiparar colegio a trabajo adulto es un error. Del mismo modo, las vacaciones infantiles no pueden regirse por pautas de vacaciones laborales. Nuestros hijos no tienen que dejar de aprender en vacaciones (su cerebro no se recupera así). Se trata, más bien, de hacer actividades diferentes que contribuyan a aprender de forma diferente.

¿Y si le han quedado asignaturas para septiembre? Algunas familias castigan a sus hijos con estudio intensivo durante el verano. "¡Si te han suspendido, no mereces vacaciones!", alegan. "Craso error", responde la Neurodidáctica:

Si te tiras todo el verano estudiando, apruebas en septiembre pero suspendes en diciembre.


Aplicar lo aprendido

Posiblemente, tu hijo o hija ha estudiado este curso los mamíferos. Habrá visto muchos animales en las páginas del libro de texto, seguro. Pero puede que no haya visto un elefante de cerca. Las vacaciones de verano proporcionan una estupenda oportunidad de aplicar lo aprendido durante el curso. Quizá puedas organizar una excursión familiar al zoo y pedirle a tus hijos que hagan de guía.

Si lo piensas bien, seguro que encuentras muchos planeas parecidos. En demasiadas ocasiones, la escuela nos muestra el mundo a través de una ventana (una pantalla, una página, etc.), pero no tiene la posibilidad de organizar una práctica real. Tú sí puedes.


Tiempo en familia

A principio de curso suelo hacer una encuesta para conocer mejor a mi alumnado (de Primaria). Una de las preguntas es: ¿Qué prefieres hacer en vacaciones? La mayor parte de las respuestas aluden a actividades en familia. No es extraño, los niños de hoy tienen cubiertas todas sus necesidades materiales, pero adolecen de tiempo de calidad con sus padres y madres. El periodo estival puede ser propicio para compensar esa carencia afectiva.

"Los padres no pueden organizar las vacaciones de sus hijos sin preguntarles. La opinión de los principales implicados debe contar. Por muy pedagógico que sea nuestro plan, no podemos caer en el todo para el pueblo, pero sin el pueblo". Carmen Cobo.


Leer, leer y leer

La lectura comprensiva es la competencia básica del éxito académico, y lograrla pasa por leer mucho, lo que podría ser todo un placer; pero la educación tradicional, con los libros de obligada lectura, ha logrado lo increíble: convertir el acto de leer en un suplicio detestable. Las familias pueden contribuir a corregir este gran error, fomentando el desarrollo de un hábito lector a partir del interés y la emoción de los niños/as. Ya vimos en este post cómo lograrlo.

La letra con emoción entra

Foto del colegio vía ceipjuliocarobaroja.es

Érase una vez un rey que odiaba al brujo más admirado por sus súbditos. Un día ordenó apresarlo y condenarlo. Le dijo: “Vas a ser ejecutado. Solo podrás salvarte si adivinas qué día vas a morir”. El hombre no perdió la compostura. Con voz pausada contestó: “Moriré un día antes que vos”. El rey palideció. La satisfacción inicial dio paso al temor por su propia vida, ¿y si sus predicciones son ciertas? En vez de matarlo, mandó que residiera en palacio y que siempre estuviera protegido.

Este cuento pone de manifiesto la importancia que puede llegar a tener la INTELIGENCIA EMOCIONAL. Daniel Goleman sostiene que la escuela debe promoverla, despertando la capacidad de reconocer los sentimientos propios y ajenos, de encauzarlos y de gestionar las relaciones sociales. Sin duda, el brujo del cuento tenía esas competencias. Desarrollarlas en el alumnado requiere docentes preparados para enseñar contenidos diferentes, como la aritmética del corazón o la gramática de las relaciones.

El CEIP Julio Caro Baroja trabaja en esta línea y va más allá, utilizando la emoción como recurso didáctico. Su estrategia pedagógica parte de una pregunta simple: ¿por qué lees un libro como Los pilares de la tierra, con más de 1000 páginas? Cuando descubres su historia no puedes dejarlo, te llega al corazón. En este colegio público de Málaga, los docentes acompañan el inicio de cada lectura propuesta con interpretaciones narrativas, con música relacionada con los libros y con investigaciones acerca de las realidades que los inspiran. Persiguen despertar en sus alumnos emociones positivas que enganchen al relato. Cuando lo logran, la lectura continúa sin el docente.

La educación se ha centrado tradicionalmente en lo que consideraba cuestiones serias, como la razón, las letras, los números... dejando de lado otros asuntos más humanos, como los sentimientos y las emociones. «Eso es cosa de cada uno», sentenciaba la Pedagogía. Pero resulta que estábamos equivocados. Como canta Fito, «las cosas importantes aquí son las que están detrás de la piel». Pedagogía vía Twitter

Parece evidente que la educación emocional debería ser una prioridad curricular. Sin embargo, la legislación educativa continúa lastrada por una tradición racionalista. Heredamos una "escuela del lado izquierdo", que no considera que los sentimientos y las emociones sean cosa suya. Por suerte, muchos docentes compensan esta carencia en el aula, demostrando lo que ya sabía el brujo del cuento: que la inteligencia emocional es tan importante (o más) que las matemáticas o la lengua; y que estas materias se comprenden mejor si se aprenden con emoción.