Outdoor training... más allá del aula

Foto de Enrique Sánchez vía Flickr

«¿Por qué he de saltar desde aquí arriba?» Esta pregunta la formulaba el director financiero de una multinacional, suspendido en una tirolina espectacular. «Ramón, salta y lo entenderás», contestó su compañero.

Este post aborda una de las metodologías innovadoras que está revolucionando la formación en el ámbito laboral: el OUTDOOR TRAINING. Nueva pedagogía para nuevas empresas, que reconocen el valor de contar con un equipo humano cohesionado, capaz de generar ideas creativas y sacarlas adelante en proyectos de alta rentabilidad.

¿Qué es el outdoor training? Esta combinación entre pedagogía y actividad física surge en el mundo empresarial anglosajón y propone sacar a los equipos de trabajo de sus oficinas para que realicen actividades diferentes a las habituales en contextos también novedosos. Con ello se pretende "hacer equipo" y fortalecer la capacidad de superar dificultades.


El outdoor training es excelente para desarrollar las competencias centradas en las personas. Entre las que se pueden destacar están las relacionadas con la inteligencia emocional, la capacidad de cambiar, las de trabajo en equipo y las de liderazgo. También actúa poderosamente sobre las actitudes y los valores de los participantes, gracias a su enfoque vivencial. Jordi Assens

¿Cómo se hace? Un programa o una sesión basada esta metodología consta de tres fases:

  • PUESTA EN MARCHA. Supone tomar conciencia de que se hará algo diferente, que no tiene relación con la rutina laboral. Además de preparar la mente, hay que disponer el cuerpo para las actividades de la siguiente fase, considerando que la tarea debe adaptarse a todos los niveles de competencia física y motriz.
  • ACTIVIDADES DE EQUIPO. Son retos cuya superación exige la cooperación de todas las personas implicadas. La competición con otros equipos no debe aparecer hasta que los niveles de cohesión sean altos.
  • EXTRAPOLACIÓN. Es un proceso de reflexión conjunta, en el que se pone de manifiesto lo que se ha logrado (conocimiento personal, de los demás, de las posibilidades del equipo...) y se analiza qué aprendizajes podrían aplicarse en la empresa.

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Aprender en Matrix

Foto de Gamaliel Espinoza vía Flickr

Seguro que recuerdas el momento en el que Neo vence al agente Smith. Fue justo cuando dominó las reglas de aquella realidad paralela en la que nos metieron las hermanas Wachowski. Fuera de Matrix también hay personas que han alcanzado la maestría en lo suyo. Al igual que Morfeo, Malcolm Gladwell siempre estuvo interesado en estos individuos excepcionales, ¿cuál es la clave para convertirse en un «elegido»? En su búsqueda analizó las vidas de algunos, como John Lennon o Bill Gates, y concluyó que no solo es cuestión de talentos innatos o de entornos enriquecidos. Hay algo más...

El experimento que tuvo lugar en la Academia de Música de Berlín podría ser la píldora roja que te acerca a la verdad. Se clasificó al alumnado de violín en tres niveles según su destreza, y se les formuló una sencilla pregunta: ¿cuántas horas ha practicado desde que empezó a aprender? Los mejores violinistas habían alcanzado las diez mil horas de ensayo, los del nivel medio rondaban las ocho mil y los más mediocres apenas llegaban a cuatro mil.

Diez mil horas. Traducido, implica practicar diez horas semanales durante veinte años, o veinte horas durante diez años, o cuarenta horas a lo largo de cinco años

¿Es posible que esta cifra tenga más marketing que rigor científico? Al consultarlo con el oráculo de Matrix nos devuelve otra pregunta: «Podría ser un eslogan, pero ¿alguien se atreve a negar la importancia de la experiencia para dominar una disciplina?» Incluso los estudios más pesimistas reconocen que un tercio de lo que se hace para aprender debe basarse en la vivencia. «Pero no toda la práctica es igual, y aquí puede estar el quid de la cuestión», pensó Morfeo.

David Kolb podría ser nuestro particular oráculo pedagógico. Sostiene que progresar hasta la excelencia exige realizar un tipo de práctica coherente con el Ciclo del aprendizaje experiencial, que se desencadena a raíz de una vivencia capaz de despertar el deseo de aprender. De ahí surge una reflexión, necesaria para comprender los mecanismos de la acción. El conocimiento generado será recuperado en sucesivos experimentos, a través de los cuales se logrará el reajuste, la automatización e incluso la creación.

El mensaje del oráculo a Morfeo es que llegar al nivel experto no es solo cuestión de TIEMPO, también hay que cuidar el valor pedagógico de las EXPERIENCIAS: «Si lo tienes en cuenta, Neo no será el único elegido en Matrix».

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Objetivo: generar talento


SINOPSIS / CRÍTICA / AUTOR / CITA / TUIT / BIBLIO

Este nuevo libro de José Antonio Marina analiza el concepto de "talento" desde una perspectiva novedosa. En sus 235 páginas se articulan las bases para una "pedagogía del talento", desgranando los fundamentos que permitirán generarlo y promoverlo en la escuela y más allá. Plantea la urgencia de su desarrollo también en colectivos empresariales, corporativos, sociales... enlazando así con teorías expuestas en trabajos anteriores sobre la sociedad del aprendizaje.

Marina vuelve a demostrar un dominio absoluto del estilo divulgativo de la pedagogía científica. "Éste no es un libro de autoayuda, sino de pedagogía del talento, de modo que no esperen soluciones milagrosas", advierte el propio autor. Efectivamente, adolece de recursos concretos para desarrollar el talento, pero tampoco cabría esperarlos. Es pedagogía, y de la buena. La alquimia del talento, su relación con la inteligencia o el papel que juega en las organización constituyen el núcleo de un texto magistralmente argumentado. Imprescindible para profesionales y muy recomendable para cualquier lector del género divulgativo.

Talento es la inteligencia que elige bien las metas, maneja la información, gestiona las emociones y pone en práctica las virtudes de la acción necesarias para alcanzarlas, ampliar su capacidad de acción y conseguir una mejora continua. Una acción y no una capacidad. La capacidad sería la inteligencia. El talento, el buen uso de esa inteligencia, la inteligencia que triunfa. (Página 34)

José Antonio Marina. Filosofo y pedagogo español. Ha sido profesor de Educación Secundaria. Su influencia en actual contexto educativo es muy significativa. Es uno de los máximos exponentes de la pedagogía científica. Su aportación a esta corriente se concreta en la teoría general de la inteligencia, que comienza en la neurología y concluye en la ética. En sus obras aborda cuestiones relacionadas con la inteligencia, la creatividad, el talento o el sistema educativo. Actualmente se declara comprometido con el proyecto de impulsar una "movilización educativa" cuyo propósito es involucrar a toda la sociedad española en la tarea de mejorar la educación.

Marina, José Antonio (2016): Objetivo: generar talento. Cómo poner en acción la inteligencia. Conecta.

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Gestión eficaz del tiempo

Foto de Santiago Muñoz Pérez vía Flickr

Tutorías, preparación de clases, informes, reuniones… La agenda docente está siempre cargada. Una acertada analogía la compara con un cubo.

Imagina que tienes diez piedras del tamaño de un puño. Cada piedra representa una tarea importante. Por suerte, todas caben en el cubo. Llegan hasta arriba, pero quedan dentro. ¿Hay espacio para más? Una persona normal diría que no, pero un docente… Un docente preguntaría: ¿y si echamos grava? Después podríamos verter arena. Incluso entraría un poco de agua. ¡Siempre hay hueco para más!

Nos hemos acostumbrado a manejar grandes cargas laborales y no es algo bueno para la salud, ¿será, al menos, productivo?

Permíteme que te cuente el descubrimiento que realizó un sociólogo italiano del siglo XIX. Vilfredo Pareto estudió la distribución de la tierra en su país. El 80% del territorio estaba en manos de un exiguo 20% de la población. Amplió su investigación a otras cuestiones demográficas y comprobó con asombro que esa misma relación entre el 80 y el 20 aparecía con frecuencia, así que decidió centrarse en ello. Investigó otros fenómenos en diferentes campos de conocimiento y demostró que: «Aproximadamente el 80% de las consecuencias proviene del 20% de las causas», es el Principio de Pareto o Ley del 80/20.

¿Qué tiene que ver el 80/20 con la agenda docente? Para averiguarlo formularemos otras preguntas cercanas a nuestra realidad:

  • ¿El 80% de los conflictos de clase están causados por el 20% del alumnado?
  • ¿El 80% del contenido importante de una reunión ocupa el 20% del tiempo?
  • ¿El 80% de las tutorías se centran en el 20% del alumnado?
  • ¿El 80% de tus relaciones en el claustro son con el 20% de sus integrantes?

Si aceptamos que el Principio de Pareto describe nuestra realidad, también podemos considerar sus implicaciones para la gestión de la agenda de trabajo.

Cojamos de nuevo ese pesado cubo. Recuerda, invertimos el 20% de nuestro tiempo en introducir las piedras grandes, que representan el 80% de la carga de trabajo. ¿No te parece que perdemos demasiado tiempo en tareas poco productivas? Además, de haber introducido antes la grava, la arena y el agua; no quedaría sitio para las piedras grandes... y eran las importantes.

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Educación del XIX en el XXI

Foto de Simple Insomnia vía Flickr

La Revolución Industrial que convulsionó a la Europa del siglo XIX trajo consigo un nuevo modelo educativo. Urgía capacitar a los que serían futuros operarios de las fábricas que proliferaban en las urbes. El puesto en una cadena de montaje requería: disciplina, concentración en tareas repetitivas, cumplir con unos horarios... La escuela se puso al servicio de la nueva y boyante economía, y encontró métodos eficaces para crear:

  • Un trabajador obediente. La disciplina de los castigos era habitual en las aulas del XIX. Marcaba la pauta para una relación didáctica vertical, unidireccional, áspera... El docente era poseedor del saber y lo trasmitía en exposiciones magistrales. Poco tenía que decir el estudiante más allá de responder a las preguntas que ponían en tela de juicio su capacidad o esfuerzo.

  • Un trabajador infalible. Los errores se pagan caro en la industria... y también en la escuela del XIX. Así que el alumno no debía crear nada, solo reproducir un conocimiento ya contrastado. En una secuencia que se repetía hasta la extenuación: explicar, ejercitar, estudiar, demostrar y esperar las correcciones (y la consecuente nota). La tarima, los deberes y los exámenes eran recursos estrella de esta metodología, que garantizaba el desarrollo de la capacidad de concentrase en la aplicación de soluciones dadas a problemas cerrados.

  • Un trabajador adaptado. Los horarios de las fábricas, divididos en periodos de tiempo que finalizaban a golpe de sirena, se imitaron en la escuela. También se aprendió a trabajar de forma individual a pesar de estar rodeado de personas. ¡Cada cual a lo suyo! Los que se salían de la norma, los diferentes... los "inadaptados" no eran bien recibidos en este sistema.

El mundo de hoy tiene poco que ver con aquella Europa industrial. Sin embargo, en muchos contextos pedagógicos perviven las reminiscencias de la escuela del XIX.

Si enseñamos a los estudiantes de hoy como enseñábamos ayer, les estamos robando el mañana. John Dewey

Julio Verne fue capaz de anticipar cantidad de ingenios poco antes de que se hicieran realidad, como el Nautilus de sus Veinte mil leguas de viaje submarino. La novela se publicó en 1870 y el submarino eléctrico de Isaac Peral fue botado en 1888. La lentitud que caracterizaba al progreso en su época facilitaba el acierto de estos vaticinios. Nuestra sociedad está marcada por la velocidad en la generación de conocimiento. No podemos seguir enseñando como nos enseñaron. Ni siquiera se puede educar pensando en que el mundo actual o los empleos que hoy conocemos serán los mismos a unos años vista. Es imprescindible abrir una reflexión pedagógica, que nos lleve a enfrentar de forma sincera una trascendental pregunta: ¿Educas para el siglo XIX o para el XXI?

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